DIY succulent kits
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Suculentas: mi primer encuentro con ellas

Cuando vi por primera vez una suculenta, no sabía ni que se llamaba así ni que se convertiría en una bendita obsesión.
Alguien me dijo que se llamaban plantas crasas. La criatura me gustó y se quedó guardada en un rinconcito de mi cerebro.
En mi casa siempre ha habido plantas. Plantas con flor, plantas sin flor o simplemente flores en un jarrón con agua. Me parecen una decoración excelente, aportan calidez (muy importante para que mi casa se pueda llamar hogar) y el toque de naturaleza que necesito siempre a mi alrededor.

          

Otro día que me crucé con unas suculentas en casa de mis padres, las miré de reojo y sentí la necesidad de tenerlas en mi casa. Mi madre cortó unos cuantos tallos, me los puso en la mano y me dijo: “cuando llegues a casa, plántalos en la tierra”. Eso era todo? Sin raíces? Así, sin más?

Llegué a casa con mi marido y mis hijos ya entrada la noche del sábado. Al día siguiente estuvimos en una comida con amigos y por la tarde no hubo más tiempo que duchar a los nenes, cena, algún deber de última hora y a dormir.
Así que hasta el lunes no volví a mirar las plantitas. ¡Y estaban tan frescas!
Las planté, y esas cuatro pequeñas supervivientes, con el tiempo, llenaron toda una maceta.
La llama por esas originales y extraordinarias plantas se había encendido en mí. Busqué información, leí todo lo que pude, fui a los centros de jardinería cercanos en busca de más ejemplares. Llené la casa de suculentas  y llené mi corazón de ellas.
Así que, lo confieso: soy adicta a estas preciosidades!

Esto es todo por ahora. Pero nos vemos pronto con más información suculenta. ¡Un abrazo!



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